Gustavo Petro no gobierna. Marcha.
En una alocución televisada este domingo, el presidente de Colombia desplegó su estrategia favorita: victimizarse, convocar al pueblo a las calles y amenazar con un nuevo decreto. Todo esto porque el Consejo de Estado tuvo la osadía de suspender su aumento del salario mínimo del 23.7%, un incremento que él mismo impuso sin concertación.
El libreto de siempre
El guión es predecible hasta el bostezo: 1) Decretar unilateralmente. 2) Esperar que la justicia lo frene. 3) Llamar a marchas contra 'los enemigos del pueblo'. 4) Expedirse un nuevo decreto. Repita hasta agotar el mandato.
Pero esta vez Petro agregó un giro: el concepto de 'salario mínimo móvil', una figura que ni la Constitución ni el Código Sustantivo del Trabajo contemplan. Según el presidente, el salario de $2.000.000 es apenas un piso y podría revisarse al alza. ¿Con base en qué? En lo que él decida, naturalmente.
La plaza, no el Palacio
Mientras Córdoba se ahoga en inundaciones, mientras los empresarios no saben cuánto pagar en febrero, mientras la inflación muerde los bolsillos de todos, el presidente convoca marchas para el 19 de febrero. No reuniones técnicas con gremios. No mesas de concertación de verdad. Marchas.
El mensaje es claro: gobernar es hacer campaña. El poder ejecutivo es una tarima ambulante. Y quien se oponga — sea el Consejo de Estado, la ANDI o Fenalco — es un enemigo del pueblo trabajador.
El decreto como arma política
Petro pidió al Consejo de Estado más días para responder, anunció un decreto transitorio que mantendría los $2.000.000, y dejó abierta la puerta a subirlo aún más. Es la lógica del hecho cumplido: mientras la justicia delibera, él gobierna por decreto y crea realidades irreversibles.
Mauricio Cárdenas, precandidato de la Gran Consulta, lo dijo sin rodeos: 'El aumento es irreversible'. Y tiene razón. Una vez pagado, ningún juez le va a decir a millones de trabajadores que devuelvan la diferencia. Petro lo sabe. Por eso decreta primero y concerta después.
¿Y los 600.000 empleos?
Fenalco advierte que un aumento del 23.7% sin compensación para los empleadores amenaza 600.000 puestos de trabajo. Pero esa cifra no aparece en las alocuciones presidenciales. En la narrativa de Petro, solo existen los trabajadores beneficiados. Los que pierdan el empleo serán daño colateral invisible.
Colombia no necesita un presidente que marche. Necesita uno que gobierne.



