Si no puede gobernar dentro de las reglas, cambia las reglas. Esa es la esencia de la Asamblea Nacional Constituyente que Gustavo Petro viene cocinando a fuego lento, y que ahora tiene un mensajero de lujo: Armando Benedetti.
El camaleón firma
Armando Benedetti — el hombre que ha estado en todos los partidos, todas las orillas y todas las embajadas — firmó la planilla para convocar la constituyente. El mismo Benedetti que fue uribista, santista, y ahora es el ministro del Interior de Petro. Si hay alguien que encarna la rosca colombiana, es él.
Que Benedetti sea el abanderado de 'refundar la democracia' es una ironía que ni García Márquez habría inventado.
El plan de sucesión
Petro fue explícito: recorrerá Colombia recogiendo firmas y las entregará 'el día que deje la presidencia'. ¿Y quién toma la posta? Iván Cepeda, su heredero político designado. La constituyente no es para este gobierno — es para el próximo. Es el vehículo para que el proyecto político de Petro sobreviva más allá de agosto de 2026.
El cálculo es transparente: si las reformas no pasan por el Congreso (y no han pasado), se salta al Congreso. Si la justicia frena los decretos (como con el salario mínimo), se cambia la justicia. La constituyente es la llave maestra que abre todas las puertas que la democracia le cerró.
33 firmas de apoyo a Galán
Mientras Benedetti firma por la constituyente, 33 exministros, exsenadores y dirigentes políticos firmaron una declaración pública apoyando a Juan Manuel Galán. La oposición se organiza mientras el petrismo radicaliza.
La Alianza Verde también se fractura: 7 directivos se fueron con Roy Barreras, pero el partido oficial desmintió cualquier apoyo. La rosca se reacomoda para las elecciones mientras Petro intenta cambiar el tablero completo.
¿Constituyente o continuismo?
Las constituyentes en América Latina tienen un historial elocuente. Venezuela 1999: Chávez convocó constituyente para 'refundar la república'. Resultado: 24 años de un mismo proyecto político, destrucción económica y 8 millones de migrantes. Ecuador 2007: Correa usó la constituyente para concentrar poder. Bolivia 2009: Morales se reeligió indefinidamente.
El patrón es siempre el mismo: el líder popular convoca, los seguidores firman, la nueva constitución concentra poder, y la democracia se erosiona una cláusula a la vez.
Colombia ya tiene una constitución. La de 1991. La que garantiza los derechos que Petro dice defender. El problema no es la carta magna — es quien la ejecuta.



